• Diego Ruano

Talento, moneyball y el maldito árbol


¿Crees que los procesos de selección han variado?¿Que ha habido un cambio fundamental en cómo escogemos a las personas para determinados puestos? Hablamos de gestión de competencias y de desarrollo del talento, y parece que tengamos en cuenta más factores individuales en lo que tradicionalmente fue la dirección de personal. Es cierto que se pone cada vez más énfasis en el desarrollo de las personas dentro de la organización para tanto para desarrollar su talento como para retenerlo. Al fin y al cabo el talento es tener una habilidad notable, y la capacidad de desarrollarla, de la cual se obtiene una recompensa. Esta recompensa puede ser intrínseca, la propia satisfacción de realizarla y desarrollarla, o extrínseca, el producto de esa habilidad produce beneficios, físicos o no, a otra persona que es quien esa recompensa.


En el primer caso, recompensa intrínseca, podríamos encontrar, por ejemplo, a los alpinistas, cuya habilidad para afrontar una escalada se ve recompensada por el hecho de hacer cumbres cada vez más difíciles. En el segundo, recompensa extrínseca, podemos encontrar a un músico callejaro, que puede recibir una gratificación por un transeúnte porque le gusta lo que hace, o ser contratado por una discográfica porque ve posibilidades de desarrollo, y de negocio.


Volvamos ahora al inicio. Vayamos a una web de búsqueda de empleo cualquiera y observemos varias ofertas. Los requisitos para acceder a cada proceso son distintos y suelen suponer el punto de corte de candidaturas a dicha oferta. Es decir, van a determinar si las competencias que dices poseer son las que se adecúan a las necesidades de la empresa. Después vendrá una posible entrevista en la cual profundizarán en esas competencias y en otras de carácter más personal, como tu comunicación, tus valores, tus expectativas, tu modo de razonar ante determinados problemas, etc.


Moneyball (Bennet Miller, 2011) es una película de béisbol. Si no la has visto, no, no es la típica película que va de superación de dificultades para acabar alcanzando el campeonato. Trata sobre la construcción de un equipo (selección de personal) a través de las matemáticas. Sí, vale, como la selección de personal tradicional; reclutar para un puesto que necesita determinadas competencias a personas que posean el talento necesario para desarrollarlas. El matiz es que no seleccionan a los mejores, entendiendo a los mejores como los más cotizados en el mercado para el puesto, sino a aquellos que consideran que más pueden aportar independientemente de los prejuicios típicos del sistema de reclutamiento tradicional. Incluso contratan a alguien (Chris Pratt) para un puesto en el que no tiene experiencia, pero valoran su capacidad para aportar en otros aspectos y para aprender lo que necesita en ese puesto.


Es cierto que el deporte, sobre todo el profesional, es un sistema cerrado en el que tienes acceso al rendimiento individual de cada individuo a lo largo de su trayectoria. También es cierto que en la selección de personal hay que optimizar los recursos, y que la primera criba permite no extender el proceso más de lo necesario para no aumentar los costes del mismo.


El problema, para mí, está en que en un mercado líquido como el actual, se sigue captando talento de una manera rígida, es decir, en base a tres o cuatro características deseables, o a una o dos no deseables. Se sigue cribando por edad, formación o tiempo de experiencia en un puesto similar al ofertado. No se pueden valorar si el tiempo de experiencia es de calidad, o si las experiencias distintas al puesto ofertado pueden aportar valor al mismo. No se puede valorar la capacidad de aprendizaje; conseguir títulos no implica capacidad de aprendizaje (tenemos lamentables ejemplos últimamente).


Así pues, sin poder valorar estos elementos en una primera criba, el desarrollo de talento se hace en base a lo estricamente marcado en la oferta, es decir, en las competencias requeridas para el puesto, y no en el talento ajeno a la misma ni a la potencialidad del individuo. Algo parecido le sucede al personaje de Jonah Hill en la película. Sus ideas sobre el deporte, su talento para ver lo que otros no ven, no son reconocidas por el sistema tradicional de valoración de jugadores, por lo que se ve siempre apartado y se muestra cauto al expresar sus ideas. Además de los sesgos debido a su edad y su formación ajena al ámbito deportivo.


Sí, nos encanta la frase de no juzgar a un pez por su capacidad de subir a un árbol, o que todos tenemos un talento oculto. Lo veo mucho en muros de reclutadores, consultores y coaches. Pero a efectos prácticos, en general, se acaba pidiendo al pez que suba al maldito árbol y enviándolo al río animándolo a que aprenda, por sí mismo, a subir a los árboles.

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